La agencia espacial NASA lanzó hoy la sonda estadounidense Phoenix, que irá por primera vez a Marte a perforar capas de la superficie de las regiones árticas del planeta rojo para tratar de detectar trazos de vida pasada y presente.

Un cohete Delta II de tres etapas con la sonda despegó de la base aérea de Cabo Cañaveral en Florida, sureste de Estados Unidos, a las 05H26 locales (09H26 GMT) para su viaje de nueve meses a Marte.

Unos diez minutos después alcanzó la órbita terrestre, en
la que se mantuvo unos 80 minutos más antes del encendido del motor de segunda etapa, seguido luego del encendido de la tercera etapa que dio a la sonda Phoenix la potencia para continuar su periplo de 680 millones de kilómetros hacia Marte.

Este lanzamiento estaba inicialmente previsto para ayer, pero tuvo que ser aplazado 24 horas a causa de las malas condiciones meteorológicas que retardaron los preparativos, pues impidieron a los ingenieros llenar el tanque de combustible del cohete Delta II.


La sonda deberá posarse cerca del polo norte de Marte el 25 de mayo de 2008, en una misión que tiene un costo de 420 millones de dólares.
"Trabajamos durante cuatro años para llegar a esto, por lo que estamos muy entusiasmados", dijo el director del proyecto Phoenix, Barry Goldstein, en Pasadena, California.

El Phoenix Mars Lander mide 5,5 por 1,5 metros y lleva consigo 55 kilos de equipamiento científico. Dotado de siete instrumentos científicos, tiene como misión estudiar por primera vez el subsuelo congelado del planeta rojo, y buscar en sus planicies posibles formas de vida pasada o presente.

La sonda dispone de un brazo robótico de 2,34 metros de largo, para cavar en el suelo y alcanzar la capa de hielo (permafrost) que, según los científicos, está a apenas una decena de centímetros de profundidad.

Phoenix tiene también una estación meteorológica canadiense, con un láser que medirá el agua y el polvo suspendido en la atmósfera, según los directores del proyecto. Estos instrumentos seguirán la evolución meteorológica durante los tres meses que dure la misión.

La NASA planea que la sonda se pose en un sitio llano y desprovisto de rocas, a una latitud que correspondería en la Tierra a la del norte de Alaska, donde tendrá que soportar temperaturas de -73° a - 33° Celsius.

Una cámara y una sonda acopladas al brazo examinarán el suelo y el hielo que pueda haber allí, para que se pueda determinar si esta agua sólida es o fue propicia para el desarrollo de vida primitiva.

La sonda no está equipada para detectar directamente la presencia pasada o presente de vida en el subsuelo marciano, explicó la NASA.

Pero sus instrumentos pueden, analizando la composición del permafrost marciano, encontrar moléculas de carbono e hidrógeno -elementos necesarios para la vida- así como otros componentes químicos y determinar así si la vida es o fue posible en el planeta rojo.

Los científicos concuerdan actualmente en que Marte -cuya formación se remonta, al igual que la Tierra, a unos 4.600 millones de años- fue muy húmedo en algún momento de su historia, con un vasto océano.

En 2002, la sonda estadounidense Mars Odyssey encontró signos que respaldan la teoría según la cual vastas extensiones marcianas, incluidas sus planicies árticas, contienen agua congelada a menos de un metro de profundidad.

Otros dos robots estadounidenses, Rover y Spirit, que exploran desde hace más de dos años la superficie de Marte, también encontraron indicios de la presencia de agua en el pasado.

Phoenix utilizará un escudo térmico para frenar su velocidad de ingreso a la atmósfera marciana y desplegará luego un paracaídas para bajar su velocidad a 210 km/hora.

Luego la sonda encenderá retro-cohetes que le permitirán posarse suavemente sobre sus tres patas.

Con sus dos paneles solares desplegados, unos 15 minutos después del aterrizaje, Phoenix medirá unos 5,5 metros de ancho y 1,52 m de largo.
 
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